Rebeldes ¿con o sin causa?

Días atrás ocurrió una situación en mi familia que me llamó la atención. Una de mis primas se había ido de casa por no tener permiso para asistir al concierto de unos cantantes de reggeaton.

Al enterarme del hecho, que por cierto fue varios días después de haber ocurrido, y eso que la persona en cuestión vive junto a mi casa. Como periodista, eso no habla muy bien de mí, en fin es un ejemplo más del mundo globalizado en que vivimos. Sabemos que Yonny Barrios decidió quedarse con su amante y dejar de lado a su esposa y no nos enteramos de lo que ocurre en nuestras narices. Pero eso es otra historia.


Volviendo al tema, me surgen algunos cuestionamientos: Primero, ¿Cómo una adolescente de 17 años puede reaccionar de esa manera ante la simple negativa de SUS PADRES de asistir a un concierto? Para ir aclarando el asuntito, como diría Ricardo Arjona, la semana del tan mentado concierto, la protagonista del hecho no fue a trabajar por la aparición de erupciones y ronchas en la piel, situación que quiso obviar para asistir al espectáculo artístico y que motivó la negativa del padre.


En fin, como consecuencia de dicha reacción de la joven, la madre tuvo una descompensación al no saber el paradero de su retoño, situación que es comprendida, y el padre partiéndose en dos para atender a su esposa y tratar de ubicar a su hija.

Por último, existe una fuerte campaña sobre los derechos de los niños, niñas y adolescentes, que demás esta decir que esta muy buena. El siguiente cuestionamiento va relacionada con los derechos y la educación ¿Dónde se encuentran los derechos de los padres? O ¿Acaso los hijos de ahora tienen derecho a abandonar la casa por un simple capricho? ¿Qué educación estamos dando a nuestros hijos que los padres ya no son respetados? ¿ Que visión de la vida tienen los jóvenes de ahora que por banalidades arriesgan sus vidas y la de sus seres queridos? Si alguien tiene la respuesta, favor me la deja en el comentario abajo.

CONCUPISCENCIA PARAGUAYA, ENFERMEDAD QUE MATA AL PAÍS


Días atrás, durante el festejo del cumpleaños de un amigo mío, los asistentes acordamos jugar el famoso juego de mesa PICTIONARY, a modo de entretenimiento y hacer más amena la velada cumpleañera.

Se formaron los grupos de juego, y se armó la hecatombe. Al comenzar el dichoso juego, la noche, de ser una apacible velada, pasó a convertirse en una guerra de gritos, acusaciones y estrategias. Al hablar de ésta última, la artimaña escogida por nuestros adversarios (y parte de mi equipo también) para obtener la victoria.

He ahí donde me nace esta interrogante. Si para un simple juego, donde el fin último es la diversión. ¿Porque necesariamente debemos de hacer trampa? Algunos me responderán, por el orgullo de ganar, sin embargo… ¿donde se encuentra entonces el orgullo de ser honesto?

Los paraguayos, en su gran mayoría, tendemos a sacar beneficios en detrimento del otro. Nos creemos inteligentes cuando le decimos al chofer de un ómnibus “Por mil nomás y pasó por abajo del molinete”, o para ahorrar tiempo los motoqueiros suben a las aceras arriesgando la vida de los peatones. En fin, podríamos citar un sinfín de “actividades” hechas por los paraguayos para sacar supuestos beneficios.

Nos olvidamos de las prácticas que realizamos y exigimos que nuestros gobernantes de turno sean honestos y que erradique la corrupción. Sin embargo, mientras no cambiemos estas “prácticas”, esta enfermedad galopante terminará por acabar nuestro país. Es hora de erradicar esa concupiscencia de nosotros y elevar nuevos valores que nos ayudaran a divertirnos con un simple juego sin la necesidad de acudir a tretas para ganar.