CONCUPISCENCIA PARAGUAYA, ENFERMEDAD QUE MATA AL PAÍS


Días atrás, durante el festejo del cumpleaños de un amigo mío, los asistentes acordamos jugar el famoso juego de mesa PICTIONARY, a modo de entretenimiento y hacer más amena la velada cumpleañera.

Se formaron los grupos de juego, y se armó la hecatombe. Al comenzar el dichoso juego, la noche, de ser una apacible velada, pasó a convertirse en una guerra de gritos, acusaciones y estrategias. Al hablar de ésta última, la artimaña escogida por nuestros adversarios (y parte de mi equipo también) para obtener la victoria.

He ahí donde me nace esta interrogante. Si para un simple juego, donde el fin último es la diversión. ¿Porque necesariamente debemos de hacer trampa? Algunos me responderán, por el orgullo de ganar, sin embargo… ¿donde se encuentra entonces el orgullo de ser honesto?

Los paraguayos, en su gran mayoría, tendemos a sacar beneficios en detrimento del otro. Nos creemos inteligentes cuando le decimos al chofer de un ómnibus “Por mil nomás y pasó por abajo del molinete”, o para ahorrar tiempo los motoqueiros suben a las aceras arriesgando la vida de los peatones. En fin, podríamos citar un sinfín de “actividades” hechas por los paraguayos para sacar supuestos beneficios.

Nos olvidamos de las prácticas que realizamos y exigimos que nuestros gobernantes de turno sean honestos y que erradique la corrupción. Sin embargo, mientras no cambiemos estas “prácticas”, esta enfermedad galopante terminará por acabar nuestro país. Es hora de erradicar esa concupiscencia de nosotros y elevar nuevos valores que nos ayudaran a divertirnos con un simple juego sin la necesidad de acudir a tretas para ganar.